DEL YO AL NOSOTROS Por: Carolina Alvarez Elizarraras

 

Ser importante es del ego,

ser feliz es del alma…

 

 

La necesidad de pertenencia y de aprobación es una conducta adherente a nuestro desarrollo psicosocial. Si bien en un desarrollo armónico y saludable emocionalmente hablando, logramos desarrollar la capacidad de resignificación y resiliencia sobre nuestros actos pasados (incluida nuestra propia historia de desarrollo), para toma de conciencia presente y actitudes asertivas a futuro. Y eso lo reflejamos en nuestra conducta, nuestras actitudes y decisiones. Nada se da sin que haya una explicación psicológica, al final somos un ser integral y proyectamos lo que tenemos.

Hablar de este tema en política ha sido un aprendizaje constante, ha habido personas y eventos que no dejan de sorprenderme, ingenua podrán decir algunos, yo quiero verlo como confianza, esa que uno otorga con la bondad de creer en el otro. Confiar es comunicar, confiar en nosotros como principio, y confiar en el otro como acto de acompañamiento. Pero que desafortunado resulta el camino cuando de vez en cuando te encuentras a personas que en el fondo ven la confianza como una herramienta para un fin específico: llegar al poder o por lo menos a la sensación efímera de poder. En nuestro lenguaje coloquial hay muchos dichos sobre el mareo que se presenta cuando se escala un nivel social (porque se cree que existen niveles… ¡!) y al ascender ahora tienden a tener otra percepción del estrato social al que han “dejado de pertenecer”. El inconsciente se manifiesta dejando al descubierto los impulsos suprimidos durante el proceso de camino al poder, el discurso cambia, y el principio del placer se comienza a centrar en la necesidad de ser reconocido y la autoafirmación como aliado sobre la ratificación conductual. Añadamos actualmente el poder de las redes sociales y los medios electrónicos hoy en día que sirven como medidores de triunfalismos.

Como profesionista, en mi análisis psicopolitico reafirmó en infinidad de casos esta concepción, y no es que se mala, si no mal enfocada, tiene un trasfondo emocional fuerte con una carente autoestima asertiva, el principio del uso del poder para generar cambios se modifica cuando el placer se incrusta en la programación sensitiva y como cultura hedonista, la conducta se vuelca en la búsqueda del mismo a través de vítores y palabras de afirmación. Justamente leyendo sobre este tema, encontré un texto bastante interesante y por consiguiente una sugerencia de lectura para todos aquellos que participamos en la vida política de nuestro país.

Muchas campañas políticas enfocan gran cantidad de recursos para entender y manejar elementos externos, como aprovechar tendencias de opinión pública, recolectar recursos, hacer coaliciones, estudiar a la oposición e incentivar votantes el día de elecciones. Lamentablemente con frecuencia se olvida que una importante fuente de dificultades surge del mismo candidato y de sus asesores. Uno de estos problemas internos que afecta el buen desempeño de la campaña es atribuible al “ego” de sus protagonistas. Si esto no se corrige a tiempo puede incluso afectar al equipo político al llegar al gobierno. Ryan Holiday en su texto “El Ego es el Enemigo” (Editorial Paidós, 2017, 250 páginas) [Versión en inglés: “Ego is the Enemy”, Portfolio/Penguin, 2016] nos ofrece una valiosa aproximación al estudio del ego como obstáculo para alcanzar y mantener el éxito. Su libro claramente define el concepto de ego y lo identifica en ciclos de tres etapas para los líderes y sus equipos. Un primer momento es cuando ellos aspiran a obtener un estatus o a ocupar una posición importante. Después el problema del ego se transforma y puede empeorar durante periodos de triunfo cuando se llega a puestos de reconocimiento social y poder. Por último, el ego también tiene efectos devastadores cuando los personajes sufren retrocesos o declives en sus carreras. Estos tres momentos del ciclo de poder están claramente identificados con ejemplos de líderes políticos, sociales y del mundo de los negocios.  [1]

 

El libro explica que el ego funciona como una fuerza de gravedad porque frena a las personas para alcanzar el real potencial en su profesión. El ego distorsiona la realidad, limita el tener conciencia de situaciones, hace que no se sigan mejorando las habilidades, obstruye el potencial de trabajo creativo, frena la colaboración en equipo y boicotea la posibilidad de construir relaciones basadas en lealtad y mutuo apoyo. El ego se manifiesta en actitudes arrogantes, las cuales pueden ser confundidas por la persona con la creencia de tener enorme autoconfianza o con la idea de poseer el don de ejercer el poder. Un político con problemas de ego es aquel que no está interesado o es incapaz de recibir consejos u opiniones de personas externas a su círculo de amigos y aduladores. Es aquel que es incapaz de reconocer o crear oportunidades porque prefiere vivir dentro de su fantasía. Uno de los principales síntomas del ego es la arrogancia, la que se encuentra en candidatos que, por haber ganado una o dos elecciones, ya creen saber cómo resolver cada nuevo problema en una campaña. El autor admite que en la historia han existido varios ejemplos de reconocidos políticos con grandes egos, pero su delirio de superioridad, el vivir ensimismados y el estar desconectados de la realidad, han sido los síntomas más recurrentes en sus fracasos de liderazgo. Situaciones donde el ego les impidió que se destacaran en su profesión. 

 

La gran tarea, la de construir el yo hacia la transformación del nosotros, la del trabajo colaborativo para crecer juntos; hasta aquí las letras de esta quincena. Me quedo con la tarea de continuar con esta lectura y aprender sobre ello, por si hay necesidad de moverse, hacerlo para transformar el entorno. Saludos estimados lectores. ¡Nos leemos pronto!

 

¡Que tengan una excelente, analítica y reflexiva quincena mis  estimados lectores! Comentarios y vamos a ser parte del #CaminoDeLa4taTrasnformación escriban a alvaelitac@gmail.com

 

[1] www.liderazgo-politico.com